Antes de empezar

Facebook, no he podido encontrar mejor motivo, y excelente excusa como buen recurso literario base, con el que poder culminar la tercera parte de la triología del libro-blog: "En la red está tu oportunidad”; tres diferentes y variadas publicaciones que, a su vez, entrañan diversos temas de ámbito tecnológico.  Con esta nueva publicación, daré por cerrada esta serie de libros-blogs con un tema realmente añorado por este humilde bloguero y que siempre ha rondado en mi cabeza: “escribir sobre las vivencias y andanzas de la gente corriente de mi pueblo”; lugareños, que no por ser personas humildes y muy, pero que muy trabajadoras, dejan de ser extraordinariamente importantes para mi, convirtiéndose en protagonistas de excepción de la historia cotidiana y colectiva de mi pueblo: la Villa de Guardo. Y mira por dónde, las redes sociales me han brindado una extraordinaria ocasión. Este nuevo relato, con el que doy por finalizada esta trilogía - y que solamente publicaré, semana a semana o mes a mes, quién sabe, en este blog-, es mi humilde y sincero homenaje a todos y cada uno de ellos. 

Redes sociales, tecnología y convivencia social, coexisten en perfecta simbiosis en nuestra sociedad. Acercan a las personas, realzan y afloran los sentimientos más sensibles y profundos, sobre todo los compartidos. Las redes generan en los usuarios un estado común de sintonía y proximidad ante situaciones y anécdotas colectivas que, curiosamente, e independientemente de la situación actual y personal de cada individuo y sin tener en cuenta la geolocalización de cada uno de los usuarios de dichas tecnologías, les ofrece un nuevo e indescriptible sentimiento de vecindad, aunque sea solamente virtual, difícil de explicar. 

Sin embargo, y a pesar de la difícil situación en la que nos encontramos, posibilitan no solo una intensa comunicación entre sus usuarios, sino que, además, generan con su universalización una extraordinaria ocasión de revivir, con los recuerdos... viejos y añorados, tiempos vividos en común… a veces ya pasados… a veces no tan alejados de nuestra cotidiana realidad. Pero en cualquier caso, son recuerdos que nos acercan un poquito más a todos y cada uno de los que compartimos objetivos comunes.

Los recuerdos van por barrios… en este caso, por tramos de edad. Una de las conclusiones más interesantes que nos aportan, y que a su vez define perfectamente a los grupos creados en Facebook que aquí voy a relatar, es la perfecta sintonía -entre usuarios- en la inserción e intercambio en el muro digital desarrollado por Facebook de nuevas publicaciones y comentarios que en ocasiones estaban adormecidos pero aún vivos en nuestra memoria. Estos recuerdos, curiosamente compartidos entre diferentes sectores de usuarios intergeneracionales, emanan con extraordinario orgullo y sentimiento común; delatando, a veces sí, a veces no, la simple reflexión de que, tal vez… tiempos pasados fueron mejores…

Estamos cautivos de nuestra mirada... casi siempre revisada atrás en el tiempo. Rebuscamos en nuestro polvoriento baúl de memorias, viejas historias, lugares, momentos, amigos, anécdotas, palabras, frases, etc., que nos alivien la cruda y pesada tarea diaria; añadiré que, seguramente, en muchas de las ocasiones, bajo la única e impasible presencia del teclado de nuestro ordenador o del sistema táctil de inserción de datos de nuestro móvil. Interfaz físico y virtual que, sin duda alguna, se convierte en testigo de excepción, aunque solomente sea por unos escasos momentos, de  vivencias y recuerdos del pasado... que denominaré, solo por esta vez y exclusivamente para esta publicación: “Facerecuerdos”

Es de justicia mencionar en este texto a Jaime García Reyero, narrador de excepción de nuestra Villa. D. Jaime no es exclusivamente parte incontestable de la sociedad Guardense gracias a su laureada trayectoria laboral y profesional como buen “maestro de escuela” en buena parte de la segunda mitad del pasado siglo XX -es unánime esta descripción en todos y cada uno de los Facerecuerdos que se refieren a él… soy testigo de ello-, sino que es también, a su vez, su más ilustre escritor.

Sus libros, en simbiosis con él, forman parte imprescindible de la “Historia Escrita” con mayúsculas de la Villa. En verdad, tengo que decir, que ha situado el listón muy alto… lo tengo claro, para mí, inalcanzablemente alto. No hay dato, anécdota, lugar, paraje, suceso, en definitiva, historia Guardense que él no haya narrado magistralmente. Su maestría con las letras no ha dejado hueco para la improvisación. Si necesitas documentación sobre la localidad… ahí está la bibliografía de Jaime, en mi caso particular, es mi mayor fuente de estudio. Qué decir de sus excepcionales obras: “Guardo, sus gentes y su Historia”, “Guardo, sus nombres y sus hombres”, “Guardo, crónica de una década para la Historia (1930-1939)”, o su última publicación hasta el momento: “Historias singulares de Guardo”. 

Antes de que las nuevas tecnologías inundaran todo por doquier, facilitando enormemente la posibilidad de documentarse ofreciendo a través de medios virtuales, como los blogs, la oportunidad de escribir en la red, Don Jaime, con máquina de escribir al uso y en el sencillo escritorio de su despacho de la Avenida de Asturias, trazaba magistralmente con su saber, rigurosidad e imaginación, la histórica línea del tiempo de Guardo. Es el mago por excelencia de la historia Guardense, lo ha conseguido hilvanando palabras, frases y párrafos con el fin de perpetuar en el tiempo, y para siempre, la vida de sus gentes. Gracias, Jaime, mi admiración y respeto hacia ti es absoluto.

Otro de mis sinceros reconocimientos, se le quiero expresar a Don Quirino Fernández Fernández, sacerdote de la Orden de San Agustín. Don Quirino es hermano de uno de las más ilustres personalidades de nuestra Villa: Don Emilio Fernández Fernández, uno de los médicos por excelencia de la localidad y una de las personas más recordadas en estos Facerecuerdos. El padre Quirino nació en Corcos (León) en 1919 -cuánto me gustaría se recordara  en el 2019 el primer centenario  de su nacimiento-. Estudió historia de la Iglesia en Roma. Murió joven, desgraciadamente muy joven, a los 65 años de edad, en 1984. La muerte le sorprendió preparando el segundo libro sobre la historia de Guardo, según cuenta su hermano, Don Emilio, en una entrevista realizada por la revista “El Quinqué”. Pero dejó una enorme impronta en Guardo con la edición de su libro: “El Señorío de Guardo”. Su excepcional trabajo fue galardonado con el primer premio en el “Concurso de Valores Históricos de la Villa de Guardo” en mayo del año 1974. 

Según cuenta en su blog familiar, Ana Fernández Presa, hija de Don Emilio y Doña Carmen, el libro fue escrito por el padre Quirino a instancias de su padre Don Emilio. “Lo escribió mi tío Quirino, sacerdote agustino, a instancias de mi padre. Todavía le recuerdo con los legajos de la iglesia parroquial escritos a mano, ¡y yo admirada de que pudiera leer esas letrujas! También investigó en el Archivo de Salamanca, en el del Vaticano y supongo que varios archivos más. Dedicó mucho tiempo y era un gran historiador y muy minucioso. Creo que Guardo le debe bastante agradecimiento”, escribe Ana, visiblemente emocionada, en un grupo de Facebook.

Dicha obra fue sin duda mi primera aproximación a la Historia escrita y viva de nuestro municipio. Hasta ese momento, yo era uno más de los que asentía, “casi sin pudor”, el erróneo “dicho popular” y aseveración de que Guardo no tenía Historia -por ello, aquí, quiero pedir disculpas-. Craso error. Tal vez el pueblo carezca de patrimonio arquitectónico importante, que, aun así, tener tenemos; valga como ejemplo la valiosa pila bautismal románica -testigo mudo de miles y miles de niños bautizados- ubicada en la Iglesia de San Juan, en la que  además podemos admirar un excepcional ábside. O la sorprendente fachada de la Casa Grande, “La Casona”, emblemático y señorial edificio que a lo largo de su historia ha albergado varias instituciones. Pero independientemente de todo ello, Guardo cuenta con el mejor patrimonio del cual debemos de estar plenamente orgullosos, sus personas. La Villa ostenta un sentimiento común y ancestral que es extraordinariamente importante para sus pobladores actuales, pasados o futuros: la Historia que sus gentes a lo largo de algunos miles de años han dejado escrita con auténticas letras de oro, gracias a su hospitalidad, arduo trabajo y, en muchas ocasiones, sangre, sudor y lágrimas.

Cantamisa del Padre Quirino. (Blog de Ana Fernández Presa)
Gracias a él, cuanto menos descubrí el origen del nombre de Guardo. Su trabajo es digno de las mejores investigaciones para unos... leyendas para otros... Quién no ha leído su relato sobre el topónimo Guardo. Según lo extractado en su más reconocido libro, el nombre de nuestro pueblo -Guardo, para los romanos; Tamaria, para los cántabros- deriva, según escritos del siglo X, de los nombres: “Boardo-Buardo”, lo cual al padre Quirino le induce a pensar que los romanos llamaron a la localidad "Bucca ad ardum" o Boca de las Alturas, “que -cito textualmente- por sucesivas contracciones fonéticas iría pasando a Buccarduum, Bucardum, Bucardo, Boardo, Buardo, hasta terminar en el actual Guardo”. A mí, personalmente, me convence su explicación, cuanto menos me entusiasma, pues le da un cierto aire de prestancia, realmente señorial a nuestra localidad. En definitiva, en honor y reconocimiento a nuestro querido Don Quirino Fernández, te sugiero que te hagas con este importante legado escrito que descubre excepcionales trazos de la Historia de Guardo: “El Señorío de Guardo”.

Quiero dejar meridianamente claro que todos y cada uno de los comentarios insertados en este libro-blog los trataré con absoluto respeto hacia las personas aludidas. Por extensión, y como no puede ser de otra forma, los utilizaré con la única y humilde intención de construir este nuevo relato; todo ello, evidentemente, respetando la particularidad, singularidad y diversidad de cada uno de ellos, por supuesto sin restringir bajo ningún concepto la forma natural de expresión de sus comentaristas y siendo exquisito en el trato con las personas aludidas.

Hasta este momento he defendido siempre con ahínco, la opinión relacionada de que una de las consecuencias sociales conseguida, más directamente relacionada con la intimidad de las personas en el ámbito razonable de la buena utilización de las diferentes redes sociales, es la excelente oportunidad que nos brindan para vertebrar nuestra sociedad en su aspecto más participativo. Este tipo de grupos digitales y virtuales, me reafirman en la idea básica de que la sencilla teoría antes mencionada va mucho más allá de lo que yo imaginaba… Es más, ha producido, independientemente de la edad de sus usuarios, una intensa convulsión y participación social entre las diferentes generaciones que lo comportan. 

En definitiva, es curioso comprobar como perviven en este mini-mundo digital, aunque muy escalonadamente, recuerdos sin importar la edad de sus participantes. Aun así, en mi opinión, sería realmente interesante hacer un perfil más técnico y sociológico del grupo, de esta forma, se podrían organizar más fácilmente los “Facerecuerdos” publicados por sus miembros, y en buena lógica, gracias a este tipo de estudios, este trabajo de campo, que he intentado realizar con la mejor intención posible y que iré publicando en la bitácora que da el nombre a esta trilogía, sería mucho mas riguroso y completo… Pero esto, sin más, lo dejo para los auténticos profesionales en dicha materia. Espero que disfrutes con la lectura de este libro, y recordarte una vez más, como viene siendo habitual, para más información y ampliación me encontrarás en mi blog. ¡Ah! Y gracias por todo, amiguete -como diría el añorado y muy querido hombre genuinamente Guardense, ya desaparecido, Aparicio, el relojero- gracias de nuevo por seguir leyéndome.

Próximamente SEGUNDO CAPÍTULO...



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